
Por mucho que un título se muestre harto prometedor, existen casos en los que tal expectación se ve sucedida por unos resultados que no son los esperados. Esto puede deberse a variopintas circunstancias, aunque por lo general el jugador se siente apenado ante una buena idea que se ha llevado a cabo de forma desastrosa o, simplemente, de modo poco efectivo.IO Interactive, de la mano de Proein, nos han servido para ilustrar una de estas situaciones.
Y es que los creadores del Agente .47 habían tomado un excelente rumbo con Kane & Lynch: Dead Men, pero en alguna parte del camino la brújula no les indicó el rumbo que debían seguir. Por nuestra parte, la cobertura ha sido máxima, y no eran pocas las esperanzas que atesorábamos para llamarlo al Olimpo donde sólo unos pocos pueden llegar.
De esta forma tenemos un excelente proyecto ejecutado de forma fallida; una mezcla de cine, buen cine, con videojuegos, que no ha sabido cuajar por no calibrar bien sus virtudes y sus defectos, dejando así a la deriva parámetros fundamentales para el buen sustento del producto final. Os contamos la historia de dos hombres y su última oportunidad.
Dos hombres muertosNuestra historia se centra en los personajes que dan nombre al juego y la relación existente entre ellos, para nada amistosa. Kane es un mercenario que perteneció en su día a una organización llamada Los7. En una misión que resultó fallida escapó con todo el botín, creyendo al resto por muertos. A pesar de todo, no tarda en ser capturado y llevado al corredor de la muerte.
Es durante el traslado en un furgón policial cuando comienza la acción: un misterioso hombre le indica que se ponga a cubierto poco antes de que una espectacular explosión tenga lugar. Aturdido, es llevado hasta la presencia de sus excompañeros, que están bastante mosqueados a causa una “traición” que en verdad no es tal. Pero las explicaciones son inútiles. Tiene un tiempo límite para devolver lo robado antes de que su hija y su exmujer, a quienes han secuestrado, sean asesinadas.
Por supuesto no estará sólo, ya que su salvador, Lynch, hará las veces de perro guardián, avisando a sus jefes cada mañana y cada noche para asegurarles que todo va bien. El problema está en que es un esquizofrénico medicado, y sin sus pastillas no tarda en ponerse bastante nervioso, pudiendo hasta entorpecer las intenciones de su “compañero” sin desearlo, aunque no esté contento con sus métodos.
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